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La próxima revolución de los museos será la accesibilidad cognitiva

  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

Durante años, hablar de accesibilidad en los espacios culturales significó, principalmente, hablar de eliminar barreras físicas. Hoy el reto es más amplio: crear experiencias culturales que puedan ser comprendidas, habitadas y disfrutadas por personas con diferentes formas de percibir y relacionarse con el entorno.


Afortunadamente, esta conversación acaba de dar un paso importante. El pasado 1 de septiembre el Gobierno ha aprobado un Real Decreto que establece un marco normativo específico sobre accesibilidad cognitiva respecto a la actuación de las administraciones públicas y de los diferentes prestadores de bienes y servicios. El decreto determina los requisitos necesarios para garantizar que las personas puedan comprender la información, orientarse en los entornos y realizar actividades con autonomía. Entre las personas beneficiarias se encuentran las personas con autismo, discapacidad intelectual, daño cerebral adquirido y otras personas con dificultades de comprensión.


Desde EMPOWER celebramos especialmente este avance. Porque poner la accesibilidad cognitiva en el centro de las políticas públicas significa reconocer algo que llevamos años defendiendo y trabajando: que comprender un entorno, anticipar lo que va a suceder y poder participar en igualdad de condiciones también forma parte del derecho de acceso a la cultura.


Los museos llevan décadas ampliando su mirada sobre la accesibilidad. Se han eliminado barreras arquitectónicas, se han incorporado recursos de accesibilidad sensorial y se han desarrollado programas específicos para públicos diversos.


Sin embargo, todavía existe una dimensión de la accesibilidad que necesita ocupar un lugar más central en la conversación: la accesibilidad cognitiva.


No hablamos únicamente de hacer comprensible un texto o de incorporar un pictograma. Hablamos de algo más profundo: de revisar cómo una persona recibe la información, se orienta por un espacio, comprende lo que va a suceder, interactúa con una obra y encuentra las condiciones necesarias para participar de una experiencia cultural.


Para las personas con autismo y sus familias, estas cuestiones pueden marcar la diferencia entre poder disfrutar de un museo con confianza y encontrarse con una experiencia difícil de anticipar o sostener.


La experiencia de EMPOWER nos ha mostrado que, cuando hablamos de accesibilidad cultural, no basta con intervenir sobre un elemento concreto. La metodología desarrollada a partir de Empower Parents se ha construido durante años junto a familias, infancias, profesionales de museos y mediadoras, y parte de una idea fundamental: la accesibilidad es un proceso relacional, no únicamente técnico.


De adaptar a diseñar de otra manera


Una de las principales cuestiones que plantea la accesibilidad cognitiva es que nos obliga a mirar la experiencia completa.


  • ¿Cómo llegamos al museo?

  • ¿Qué información recibimos antes de entrar?

  • ¿Sabemos qué nos vamos a encontrar?

  • ¿Podemos orientarnos dentro del espacio?

  • ¿Entendemos qué se espera de nosotros?

  • ¿Existen momentos para hacer una pausa?

  • ¿El equipo sabe cómo acompañar diferentes necesidades de apoyo?


Son preguntas aparentemente sencillas, pero en conjunto nos llevan a una conclusión importante: la accesibilidad no ocurre únicamente durante la visita. Empieza mucho antes y atraviesa toda la experiencia.


Por eso, una institución que trabaja desde una perspectiva de accesibilidad cognitiva no se limita a producir recursos específicos. Revisa sus procesos, forma a sus equipos, anticipa posibles barreras y observa qué sucede realmente cuando las personas utilizan sus espacios.


La accesibilidad como parte de la cultura institucional


La accesibilidad no debería depender de proyectos aislados ni de la sensibilidad o el compromiso individual de determinados equipos. Para que sea sostenible, necesita formar parte de la cultura de la institución.


Porque una institución puede crear una actividad accesible y, al mismo tiempo, mantener procesos que dificultan la participación de determinados públicos.


Puede contar con materiales de apoyo, pero no haber formado a las personas que trabajan en sala.


Puede tener una programación inclusiva, pero no disponer de herramientas para anticipar una visita o responder ante una situación de sobrecarga sensorial.


La experiencia desarrollada por EMPOWER muestra precisamente la importancia de avanzar hacia modelos más estructurados: formación, acompañamiento, diseño de experiencias, codiseño con las familias y mejora continua.


Por eso hablamos de transformación institucional.


La accesibilidad cognitiva no debería entenderse como una adaptación que se incorpora después de diseñar una experiencia. Puede –y debería– formar parte de las decisiones que se toman desde el principio: cómo se diseña, cómo se comunica, cómo se recibe y acompaña a los públicos y cómo se evalúa la experiencia.


La aprobación de este Real Decreto supone un avance importante: la accesibilidad cognitiva deja de ser únicamente una cuestión de voluntad y adquiere un reconocimiento normativo que obliga a seguir avanzando.


Ahora el reto es convertir ese reconocimiento en cambios reales. También en los espacios culturales.


Ahí está, para nosotras, una de las grandes oportunidades de la accesibilidad cognitiva: no solo facilitar el acceso a la cultura, sino crear las condiciones para que más personas puedan participar, disfrutar y sentirse parte de ella.

 
 
 

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