Cultura para todos: de la accesibilidad a la transformación de las instituciones

En 2022, los países presentes en la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre Políticas Culturales y Desarrollo Sostenible, MONDIACULT, respaldaron el reconocimiento de la cultura como un “bien público mundial” para facilitar e impulsar el desarrollo sostenible[1].
Aunque no era la primera vez que se hablaba de la cultura como un bien común, sí ha cambiado desde entonces la dimensión que se le está dando a este concepto. Hoy en día, el Ministerio de Cultura de España define la cultura como un “bien público mundial, esencial, básico y de primera necesidad”, tal y como se argumenta en un informe que lleva el mismo título.[2]
Sin embargo, el acceso a la cultura se les niega aún hoy a muchas personas. De hecho, más de un millón y medio de personas con autismo y sus familias siguen enfrentándose a barreras que dificultan su acceso a los espacios culturales, como es el caso de barreras sensoriales, falta de adaptación y exclusión social[3].
Pero reconocer la cultura como un bien público implica asumir una responsabilidad: si es un bien de todos, debe poder ser disfrutado por todos. Y esa realidad todavía está lejos de cumplirse. Es aquí donde toma relevancia el papel de las instituciones en pro de la accesibilidad cultural.
Derecho a la accesibilidad cultural
EMPOWER es una empresa social que se dedica a generar capacidades dentro de las instituciones para favorecer la accesibilidad e inclusión cultural de personas con autismo. Nuestro trabajo parte de una convicción: para transformar la experiencia cultural de las personas y sus familias no basta con intervenir sobre ellas, sino que es necesario transformar también los espacios y las capacidades de quienes los gestionan.
Con cada proyecto que diseñamos, tenemos en mente trabajar sobre tres niveles: en la infancia y las familias, permitiéndoles habitar los espacios culturales mediante actividades de calidad; en los profesionales, reforzando sus capacidades a la hora de atender a públicos diversos; y en las instituciones, cambiando su forma de entender la accesibilidad y ayudándolas en su evolución hacia espacios inclusivos. Estos tres niveles están conectados, ya que una experiencia cultural inclusiva requiere familias que puedan participar, profesionales que sepan acompañarlas e instituciones capaces de sostener ese cambio en el tiempo.
Por eso, nuestro objetivo no es únicamente desarrollar programas accesibles, sino contribuir a que las instituciones incorporen la accesibilidad como una capacidad propia para que el cambio sea sostenible.
Pero vamos aún más lejos: nuestro objetivo final es garantizar el acceso a la cultura como un derecho universal. Desde que comenzamos nuestra labor, hemos ayudado a más de 1000 niños y niñas con autismo a disfrutar de sus derechos culturales, pero sabemos que aún falta mucho trabajo por delante para que todas las personas autistas puedan disfrutar de la riqueza cultural. Y, para lograrlo, necesitamos impulsar un cambio en la mirada de las instituciones.
Innovación social ante los desafíos de las instituciones culturales
En un contexto en el que las organizaciones están asumiendo un papel más activo en la construcción de sociedades inclusivas y sostenibles, es necesario ofrecerles soluciones prácticas e innovadoras que generen un impacto social, real y medible.
Desde EMPOWER respondemos a estas necesidades desde un enfoque multidisciplinar que se ajusta a los desafíos que enfrentan las instituciones culturales hoy en día. De hecho, Empower Parents, el programa del que nació esta entidad, fue galardonado en los NICE Awards 2017 como uno de los tres proyectos más innovadores e integradores de las industrias culturales europeas.
“Para nosotras, la innovación no consiste en crear una actividad accesible y llevarla a un museo. Consiste en acompañar a la institución para que desarrolle el conocimiento, las herramientas y la confianza necesarias para hacerlo por sí misma. Cuando la accesibilidad deja de ser un proyecto y pasa a formar parte de la manera de trabajar de una institución, es cuando realmente se produce la transformación.”— Laura Donis, CEO de EMPOWER.
Gracias a la transferencia metodológica que propone EMPOWER, las instituciones adquieren las competencias necesarias para desarrollar actividades de calidad que favorecen la participación real de personas que históricamente han encontrado barreras para acceder a los espacios culturales y sentirse parte de ellos.
Una metodología que funciona
EMPOWER se constituyó como entidad en el año 2021, pero su programa Empower Parents se ha implementado en diversos proyectos desde 2013. Estos más de 10 años de experiencia han dado lugar a una metodología real y útil que ha sido validada en más de 20 instituciones en toda España, entre ellas museos, centros de arte y otras instituciones culturales.
Esta metodología facilita la evolución de las instituciones hacia espacios accesibles e inclusivos, lo que se traduce en la mejora de la reputación institucional de las organizaciones, en el acceso a nuevas audiencias y en la aplicación de medidas concretas a favor de la accesibilidad, en línea con los pilares de sostenibilidad ESG, más específicamente con los pilares de Social y Gobernanza.
El elemento diferencial del modelo EMPOWER es precisamente esta transferencia de conocimiento. No se trata de implementar un programa dentro de una institución, sino de acompañarla para que desarrolle capacidades propias y pueda sostener el cambio de forma autónoma.
Un ejemplo de esta evolución lo encontramos en el trabajo en conjunto que hemos desarrollado con el Museo de América. En 2024, desarrollamos un proceso de transferencia metodológica para que la institución adquiriera, de forma progresiva, las capacidades necesarias para desarrollar nuestro programa de forma autónoma.
Durante la primera edición del programa, el equipo educativo adquirió conocimientos específicos sobre autismo y accesibilidad cognitiva, al tiempo que desarrollaba nuevas competencias para diseñar actividades más inclusivas. Las propias profesionales del museo destacaban que el acompañamiento recibido durante el proceso les permitió ganar confianza progresivamente y trasladar los aprendizajes adquiridos a la práctica. Pero el verdadero indicador de cambio llegó después.
Hoy en día, la metodología sigue presente en la institución, evolucionando y generando experiencias de calidad con cada nuevo grupo de familias. De hecho, en la edición actual, ya no encontramos únicamente a un equipo que ha aprendido una metodología, sino a un equipo que la aplica con naturalidad, la adapta y la hace evolucionar en función de las características de cada grupo.
“Los técnicos participantes en el programa han adquirido conocimientos y habilidad para trabajar con personas con autismo que aplican en su trabajo diario. El programa también ha servido para que todo el personal del Museo se conciencie sobre esta condición”, señalan desde el museo.
Esta continuidad constituye mucho más que un buen resultado: es una evidencia de que la accesibilidad puede dejar de ser una intervención externa para convertirse en conocimiento interno, práctica profesional y capacidad institucional.
Mientras tanto, esta transferencia metodológica no solo impacta en las instituciones, sino que favorece de manera continuada en el tiempo la mejora en la calidad de vida de las familias.
Impacto medible: datos para evaluar y mejorar los resultados
Nuestra labor se sustenta en un sistema de medición a través de indicadores que evalúan tanto la transformación de las instituciones culturales como la mejora directa en la calidad de vida de las familias con las que trabajamos. Y es que la inclusión no puede medirse únicamente por quién entra en un espacio cultural. También debemos preguntarnos qué experiencia encuentra, qué posibilidades tiene de participar y qué calidad tiene esa experiencia.
Nuestros proyectos han impactado en más de 4700 personas, que han pasado a formar parte de una red comprometida con la inclusión y la accesibilidad. Pero detrás de esta cifra hay algo más importante: personas que participan, profesionales que se sienten capaces e instituciones que incorporan nuevas formas de trabajar.
Actualmente estamos llevando a la práctica nuestra metodología en una colaboración con la Fundación Ciudad de la Energía (CIUDEN). Junto a su equipo, estamos implementando actividades inclusivas que ya están disfrutando las familias. Asimismo, CIUDEN ha empezado a incorporar la accesibilidad cognitiva como un criterio transversal en el diseño de sus actividades educativas, un compromiso que demuestra su defensa de los derechos culturales.
Poco a poco vamos avanzando, pero todavía queda mucho que hacer. El reto no es únicamente conseguir que más personas con autismo entren en los museos, centros culturales o espacios patrimoniales. El reto es conseguir que esos espacios estén preparados para recibirlas.
Por ello, animamos a todas las iniciativas culturales a dar un paso al frente y convertir su compromiso ético en un impacto social real. Cuando una institución cambia para incluir a quienes históricamente han encontrado más barreras, no solo mejora la experiencia de esas personas. Mejora la propia institución para todos.
[1] Conferencia Mundial de la UNESCO sobre las Políticas Culturales y el Desarrollo Sostenible (MONDIACULT 2022), UNESCO, Ciudad de México, 2022.
[2] La Cultura Como Bien Público Mundial, Esencial, Básico Y De Primera Necesidad, Ministerio de Cultura y Fundación Gabeiras, 2025.



Comentarios